Carmen Beramendi

Entrevistas

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Agosto 25, 2010

Carmen Beramendi

Representante Nacional (1990-1995) y Directora del Instituto Nacional de las Mujeres, INMUJERES (2005-2010)

“La no participación de las mujeres en política constituye un déficit democrático importante. Todos aquellos mecanismos que hagan más efectiva la democracia también son mecanismos que pueden contribuir a ampliar la participación de las mujeres, aunque esto no es automático. Al menos esa es una lección de mi experiencia: cuanto más democrático era el mecanismo, más mujeres eran elegidas”. - Carmen Beramendi

iKNOW Politics: Me gustaría empezar preguntándole por su trayectoria política ¿Cuándo comenzó? ¿Qué la motivó? ¿Qué oportunidades u obstáculos le significó el ser mujer?

Comencé la actividad política desde muy temprano, a nivel estudiantil. Como consecuencia de esto, estuve presa siete años, durante la dictadura uruguaya. Luego tuve actividad en el movimiento sindical. No sólo fui secretaria de mi sindicato, sino que también fui presidenta de la organización de todos los trabajadores de la industria de la pesca del Uruguay. Ahí también tuve militancia partidaria y fui electa diputada en el período 1990-1995 por el Frente Amplio. Éramos veinte diputadas y diputados, opositores al gobierno de ese entonces, y yo era la única mujer. Había mujeres en los otros partidos políticos, en total apenas seis parlamentarias.

Yo sentí obstáculos desde que me inicié en la militancia. Entonces no los atribuía a una discriminación de género, porque no tenía integrada esta perspectiva en mi vida.

Recuerdo que cuando integré un espacio de mucho activismo político clandestino, un varón decía que no podía hablar cuestiones secretas frente a las mujeres, porque las mujeres no manteníamos secretos. Cuando se realizaban algunos debates que había que mantener en reserva, él se negaba a que participasen las mujeres. Yo había sido electa para integrar ese comité de movilizaciones con muchos más votos que él, sin embargo él se arrogó para sí el derecho de vetar mi presencia. Yo quedé  perpleja, tenía diecisiete años, sin entender nada. Ahí me di cuenta qué duro que resultaba esto, aún teniendo votos. Insisto en esto de los votos, porque creo que los votos construyen la  legitimidad en la política.

En el sindicato me sucedía que si las elecciones se hacían de manera individual yo me disparaba en la votación; si se hacía en base a listas, elaboradas en el círculo político más pequeño, me relegaban a un segundo lugar. Cuando se votaba nombre por nombre las mujeres éramos mucho más votadas. A mí me pasó en el sindicato de la pesca: Gané por miles de votos al que me seguía. Por eso fui presidenta por muchos años del sindicato de la pesca, porque votaban por mi masivamente los trabajadores. Yo vivía eso, aunque no tenía una explicación, me di cuenta que era una lucha de poder. Con el tiempo fui entendiendo que la forma en que los varones se relacionan con los mecanismos de poder es distinta de la de las mujeres, y que está más legitimado el ejercicio de poder de los varones. Se colocan mucho menos cosas sobre la mesa a la hora de valorar la conducta política de un varón, muchas más cuando se valora la conducta política de las mujeres.

Los hombres han ido construyendo mecanismos para garantizar su permanencia en la política, saben establecer alianzas, las mujeres tenemos mucha dificultad para establecer alianzas entre nosotras. Quizás sea fruto de una socialización de género que nos lleva a “afectivizar” los vínculos, las relaciones. Los hombres son capaces de aliarse aunque hoy discutan, se peleen y se enfrenten. No afectivizan sus vínculos como las mujeres. Si nos enojamos nos cuesta mucho, con quienes nos enojamos, establecer una alianza. Eso entre las mujeres es muy raro. Los hombres tienen una formación social que les permite disociar sus sentimientos de sus decisiones y eso les da ventajas en el mundo político que es muy competitivo.

El haber llegado al parlamento tiene que ver con mi militancia política en la universidad, en el sindicato. El partido al que pertenecía privilegiaba mucho a las y los trabajadores. El hecho de ser dirigente sindical, me daba una validación importante y si a eso sumaba mi formación universitaria, tenía ventajas comparativas para acceder a puestos de toma de decisión. Incluso el hecho de haber estado presa, era muy valorado por la izquierda, aquí en  Uruguay. Los liderazgos son construcciones de larga data en la vida de todos los seres humanos, no sólo de las mujeres. En esto creo que las mujeres tenemos un nudo y una dificultad grande sobre cómo construir liderazgos y como contribuir a la construcción de los liderazgos de otras mujeres.

iKNOW Politics: ¿Cuánto ha cambiado en Uruguay el acceso de las mujeres a espacios públicos? ¿Cuál ha sido el rol de las mismas mujeres y sus organizaciones en este proceso?

Al inicio de su gobierno, el Presidente Tabaré Vásquez (1 de marzo 2005-1 de marzo 2010) incluyó cuatro ministras sobre un total de trece. Esto fue una novedad en el país, más aún porque puso mujeres ministras en puestos diferentes a los que se nos suele dar (Salud Pública o Desarrollo). Puso una mujer en el Ministerio de Defensa, y luego otra en el Ministerio del Interior.

Esto tuvo un doble efecto. Por un lado, las mujeres tuvimos una presencia visible pública mucho mayor. Por otro, el ocupar carteras como Defensa e Interior contribuyó mucho a demostrar socialmente que las mujeres pueden ocupar eficazmente diversos puestos en la sociedad. Sin embargo, esto no se expresa de la misma manera en la representación parlamentaria, donde la mujer ocupa apenas algo más del 10% de los escaños parlamentarios.

Para revertir esta situación hemos promovida la llamada “triada del empoderamiento”. Consiste en la articulación de las mujeres que estamos en los organismos públicos (en mi caso el organismo que es el rector de las políticas de género), las mujeres de los partidos políticos y las mujeres del movimiento social. Este trío, a iniciativa del movimiento social, ha hecho reuniones como “cónclave de mujeres del Uruguay”. Hemos tenido varios encuentros, donde mujeres de diversas procedencias nos encontramos en un espacio de reflexión y nos comprometemos con una agenda común, uno de cuyos ejes es promover la participación política de las mujeres. Tratando de que tenga una lógica distinta a la de los partidos, hemos formado la red de las mujeres políticas en el Uruguay, y la bancada bicameral femenina, con mujeres integrantes de todos los partidos políticos.

Arrastramos un déficit importante desde el punto de vista democrático dada la escasa representación política de las mujeres en nuestro país, sobre todo a nivel de los espacios políticos “puros y duros”, los partidos políticos. Lo que acabamos de vivir con la discusión de la ley de cuotas hace patente el retraso que el Uruguay tiene en este terreno. Eso es contradictorio, dado que Uruguay tenemos el doble de egresadas de la universidad en relación con los hombres, y fuimos uno de los países que primero tuvo el sufragio universal así como ley de divorcio por la sola voluntad de la mujer, además de una serie de aspectos propios de un estado de bienestar. Sin embargo, nos quedamos completamente rezagadas en materia de participación política. No hay una relación directa entre los avances de los derechos de las mujeres y la participación política en nuestro país. Hoy tenemos políticas públicas a mi juicio bastante importantes en materia de equidad de género: una ley de igualdad de oportunidades y derechos y un plan de igualdad en marcha, transversalización en todos los mecanismos de gobierno, con profundización en cinco organismos, políticas en las empresas públicas, avances en el presupuesto. Sin embargo, a nivel político sigue siendo durísimo: no hay una correspondencia entre los avances en políticas de igualdad de oportunidades y derechos y la representación política.

iKNOW Politics: ¿Por qué este desfase?

Creo que se debe a que el núcleo de los partidos políticos sigue siendo el núcleo más duro desde el punto de vista del poder establecido en nuestro país, y este poder es profundamente patriarcal.  Esto se evidencia al momento de confeccionar las listas electorales. Estas se elaboran con un criterio patriarcal. Recién en la última campaña ha aparecido el tema de la participación paritaria en las listas. En las elecciones internas del Frente Amplio lo planteó uno de los candidatos, aquel al que yo acompaño. Incluso él anuncia que en caso de llegar al gobierno tendrá un gabinete paritario. Es la primera vez que esto ocurre, creo que como resultado de una lucha fuerte del movimiento social de mujeres y de las políticas que venimos implementando.

Un dato curioso es que la ley de cuotas (2009), las hace obligatorias para las elecciones internas –pero a partir del siguiente proceso electoral- pero no para las elecciones generales. Los argumentos para esto han sido absurdos, en particular el afirmar que no hay mujeres preparadas, como si ellos estuvieran preparados y no se hubieran preparado ejerciendo. El ejercicio de la representación y del poder se aprende. Por otro lado, es evidente que en los actuales parlamentos no están las personas más capaces, hay una serie de circunstancias que llevan a que la gente llegue a ese espacio. Este es un tema al que tenemos que meterle mucha fuerza.

iKNOW Politics: ¿Cómo ve usted el proceso de construcción y renovación de los liderazgos? ¿Cuál es el rol de los partidos políticos en este proceso?

Creo que no hay un proceso de renovación de liderazgos, lo que hay es apenas el caso de algunas candidaturas innovadoras. En el Uruguay, las mujeres referentes estamos arriba de los cincuenta años, las referentes conocidas para la población somos mujeres adultas, hay una escasa participación de mujeres jóvenes en la representación. Hay mucho enunciado de renovación de liderazgo, porque queda bien y es políticamente correcto, pero a la hora de mirar los candidatos presidenciables, los promedios están entre los sesenta y los setenta años. Y creo que los partidos incluso han bloqueado la posibilidad de la aparición de los nuevos liderazgos.

iKNOW Politics: Siendo Directora del instituto rector de la política de género en el país ¿Cuáles son las estrategias que están empleando para promover el acceso equitativo de la mujer a la representación política? ¿Cuáles serían las metas que piensan alcanzar?

Nuestro Plan de Igualdad de Oportunidades y Derechos apunta claramente a obtener la paridad. Hemos promovido algunos encuentros, espacios de reflexión, seminarios de discusión sobre este tema. Así mismo, acompañamos iniciativas desde la sociedad civil que apuntan en la misma dirección. Cuando se produjo el debate de la ley de partidos políticos solicitamos a los partidos poder opinar sobre esta ley y lo hicimos sin mucho éxito. Se reconoce la rectoría del instituto en lo que tiene que ver con las políticas que se vienen implementando a nivel del poder ejecutivo, pero hay una escasa receptividad en otros poderes del estado. Por eso en el año 2008 impulsamos cabildos regionales de mujeres, que convocaron a más de cuatro mil mujeres, a fin de que se apropien del plan. Colocamos lo del año electoral 2009 como un eje en los cabildos, alentando a que las mujeres sigan de cerca el proceso de construcción de las listas y que se involucren en él. Apuntamos a que las mujeres se orienten no sólo a votar por más mujeres, sino a votar por mujeres que estén comprometidas con los derechos de las mujeres.

iKNOW Politics: Ciertamente los cambios normativos son solamente una parte de lo que se necesita para alcanzar la equidad. ¿Qué cambios estructurales propondría para acortar la brecha de la desigualdad?

Creo que el Uruguay tiene que ir a un debate mucho más profundo en materia constitucional y realizar una reforma constitucional profunda. Sólo así los derechos políticos de las mujeres tendrán real reconocimiento y vigencia.

La no participación de las mujeres en política constituye un déficit democrático importante. Todos aquellos mecanismos que hagan más efectiva la democracia también son mecanismos que pueden contribuir a ampliar la participación de las mujeres, aunque esto no es automático. Al menos esa es una lección de mi experiencia: cuanto más democrático era el mecanismo, más mujeres eran elegidas. Hay gente que te puede decir que el régimen actual permite a la mujer ser candidata, pero no es así porque en definitiva las candidaturas se “cocinan” entre un grupo reducido de gente, mayoritariamente varones. Y a eso se suman las condicionantes económicas que son clave para sostener una candidatura. Y si los recursos los controla la cúpula del partido, ella será la que determine quien va a ser candidato. Me parece, por tanto, que la reforma de los partidos políticos es importante, y que debería incluir mecanismos de paridad. Que la ley obligue a la participación igualitaria de hombres y mujeres.

Yo creo que fuimos tímidos en el Uruguay. Soy muy crítica en relación al proyecto de ley de cuotas, sin embargo hoy lo defiendo porque lo quieren barrer, pero en realidad creo que lo que se debe exigir es paridad.

Cuando estuve en el sindicato, comencé siendo la única mujer entre veinte dirigentes; ocho años después éramos diez mujeres y diez hombres. Ahí había una política concreta que yo promovía. Era la presidenta del sindicato y había una comisión de género que yo empujaba. Sin embargo, a los tres o cuatro años de haberme ido, volvió a ser mínima la representación de las mujeres. Llegué a dirigir el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) no sólo por la decisión del Presidente, sino porque hubo una opinión unánime de las mujeres de todos los partidos que integran el Frente Amplio. Arranqué mi gestión con un acompañamiento muy importante de las mujeres de todos los partidos que integran el Frente Amplio y eso me dio una fuerza muy grande para actuar.

Creo que las mujeres tenemos mucha dificultad para explicitar los conflictos. A veces no me va bien por eso, porque planteo muy frontalmente las diferencias. A la larga así se construye más legitimidad y también siento que internamente me da paz. Estoy convencida de que hay muchas mujeres en el Uruguay que deberían ocupar los primeros lugares en las listas, mujeres de todos los partidos políticos. Sin embargo, cuando se plantea el tema, muchas veces no encontramos solidaridad, y eso lleva a que muchas se retiren. Si un hombre no siente la solidaridad busca como pelear el lugar, no le importa si a otro le parece mal. Nosotras nos hemos socializado dependiendo de la opinión que tienen de nosotras, nos importa mucho, y esto opera en política en contra. Yo ya no lo siento, quizás por ser más veterana. Cuando fui diputada tenía un hijo de dos años, y fue todo un problema el haber sido diputada con un hijo chico. Para las mujeres que estamos en la política el costo es muy alto. Muy pocos hombres asumen roles paritarios en su vida cotidiana, vivir en pareja con mujeres que tienen mucha visibilidad les cuesta mucho.

iKNOW Politics: Para finalizar, ¿qué sugerencias daría a las mujeres, no sólo de Uruguay sino de la región, que quieren participar en política y encuentran enormes dificultades para hacerlo?

Tenemos que hacer una firme apuesta para fortalecernos entre nosotras. Me parece que es clave tender redes entre mujeres que queremos realmente avanzar en espacios de toma de decisiones, construir alianzas entre nosotras. De manera que cuando escuchemos de mujeres disputando un espacio de poder en otro lado, seamos capaces de apoyarlas y estimularlas. De lo que se trata es de cambiar las formas de ejercicio de la política. No me gusta la idea de que nos metamos en la política y esta siga siendo sumamente vertical, autoritaria, patriarcal. El desafío es transformar la política, humanizarla más.

 

 

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