Elena Schuck

Entrevistas

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Agosto 13, 2013

Elena Schuck

Activista Política Juvenil

Cuando feminismo significa compromiso político

La política siempre me ha llamado; en el buen y en el mal sentido. Siempre me ha gustado hablar de ello, aunque también estando decepcionada con muchos de sus aspectos. Nací en una familia políticamente informada y casi siempre dispuesta a hablar de política. Mi familia vivió con el miedo a la persecución durante la dictadura militar de Brasil. Supongo que por ese motivo siempre hemos estado al tanto de la trayectoria política de nuestro país.

Desde que era muy pequeña mis padres me llevaban a las manifestaciones de movimientos emergentes de la izquierda - permítanme decir que yo nací tras el régimen militar - y así empecé a interesarme por temas relacionados con la justicia desde una edad muy temprana. Llegué a entender lo que realmente significa la política años después, pero esos fueron los factores que me influenciaron para cursar una licenciatura en Relaciones Internacionales, una maestría en Ciencias Políticas y ahora un Programa de Doctorado en Ciencia Política. Me imagino que muchos de los estudiantes de humanidades y ciencias sociales en Brasil comparten este pasado común. Sin embargo, me gustaría hablar de mi incursión en los estudios de género y feminismo. Me gustaría hablar de esto porque creo que mi verdadero compromiso con la política comenzó a partir de mi contacto con el feminismo. Y por compromiso me refiero a que sólo después de interesarme en el feminismo y los derechos de las mujeres llegué a comprender algunos conceptos teóricos políticos esenciales tales como la ciudadanía, la justicia, la igualdad y la libertad.

Cuando era niña, siempre me pregunté qué iba a hacer cuando fuese mayor. Pensé en ser una aventurera viajando en auto caravana, detective, piloto de avión y muchas otras cosas "no adecuadas" para una niña. Pero mi familia nunca se opuso a ninguno de mis deseos. Así que me fijé en varios ejemplos de aventureros, detectives, pilotos... y todos eran ejemplos masculinos. En ese momento yo no me fijé en ese detalle y por esa razón nunca lo vi como algo imposible. Cuando ya era una adolescente, traté de recordar lo que quería ser cuando aún era niña. Y entonces me di cuenta de que nunca había sufrido restricciones sexistas en mis deseos infantiles: quería tener profesiones tradicionalmente masculinas sin tener que luchar contra las barreras para lograrlo. Por esa razón, pensé que dado que no tenía una mente machista no necesitaba preocuparme por el feminismo o cualquier cosa relacionada con él.

Como estudiante, seguía pensando que el feminismo debía ser discutido sólo cuando las circunstancias fuesen de extrema desigualdad entre hombres y mujeres. Recuerdo a un profesor diciendo que había teorías feministas sobre las relaciones internacionales, pero que valía la pena leerlas. Entonces comprendí que el feminismo no era exactamente ni una teoría política, ni un tema de humanidades y, lógicamente, pensé que no valía la pena estudiarlo. Pensé en los frágiles derechos de las mujeres, por supuesto. Pero en mi mente ingenua, estas cuestiones sólo existían en los países musulmanes que no consideran a las mujeres como ciudadanas iguales. Pensé que las mujeres ya habían conquistado todos sus derechos donde yo vivía.

Tras algunos años de experiencia y de darme cuenta de que las desigualdades de género existían en el mundo occidental, y que en realidad también estaban presentes en mi propia vida, empecé a estudiar una Maestría en Ciencias Políticas. En ese momento me di cuenta de los debates sobre los cuerpos de las mujeres, el aumento de los riesgos de la violación y de violencia doméstica y la cosificación de la mujer en los medios de comunicación. Me había dado cuenta de que el tema de los derechos de las mujeres no se había resuelto con el derecho a voto.

Cuando empecé mi Maestría, tenía la intención de investigar sobre medios de comunicación y política exterior brasileña. En esa época conocí a mi asesora en el curso, cuyas ideas y líneas de investigación me atrajeron rápidamente. Ella era la experta en género en el la responsable de hacerme ver que el feminismo era realmente necesario en Ciencias Políticas. Después de esto, renuncié a mi proyecto inicial de investigación y decidí estudiar la Ley de prohibición del burka en Francia desde una perspectiva feminista. Quería comprender más profundamente cómo se habían establecido las vidas de las mujeres musulmanas en un Estado secular liberal europeo. Tenía curiosidad por la religión, por la islamofobia, por el multiculturalismo y sobre todo por cómo el feminismo gestionaría todos estos factores. En ese momento ya estaba totalmente involucrada en el feminismo y los estudios de género y estaba segura de que iban a ser parte de mi vida para siempre. Empecé a leer varios autores feministas, hablé con gente sobre los derechos de las mujeres, sobre los riesgos de las sociedades patriarcales y la igualdad de género. Siempre me ha gustado el cine y me puse a pensar en el análisis fílmico con perspectiva feminista. Pensé que las películas eran una buena manera de promover las discusiones sobre las desigualdades, la justicia, la opresión de género, etc.

Pronto comencé a organizar sesiones de cine en las que el feminismo formaba parte de las discusiones. Me inscribí para el Programa de Doctorado en Ciencias Políticas y felizmente ocupé el segundo lugar. Ahora estoy investigando la aparición de un fuerte grupo de diputados evangélicos en todo Brasil y los riesgos de sus proyectos políticos para los movimientos feministas y de mujeres. Me temo que la democracia brasileña podría proporcionar lentamente un espacio al fundamentalismo cristiano. Instamos al análisis de si las mujeres y LGBT podrían perder derechos y el respeto de ahora en adelante.

He dado algunas clases sobre cuestiones de género en la universidad y, cada vez que lo hago, me doy más cuenta de que la enseñanza debe ser parte de mi vida. Creo que mi compromiso político personal motiva a los demás. Sobre todo, creo que ser una feminista dispuesta a hablar con los amigos, la familia y los estudiantes acerca de la desigualdad de género es algo que hace pensar a la gente. Así que este es mi compromiso con la política: investigo sobre el feminismo y las cuestiones de género, pienso en ello constantemente, y hablo con la gente. Es una tarea lenta que no trae resultados rápidos. Pero si me preguntan si vale la pena, diré que lo mejor que puedo hacer para hacer de este mundo un lugar mejor. Se trata de democracia, justicia e igualdad para todos.

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