Llamamiento a una mayor participación política de las mujeres

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Llamamiento a una mayor participación política de las mujeres

Reproducimos a continuación el último artículo de P. J. Hernández publicado en El Nuevo Día, sobre la necesidad de un mayor número de mujeres involucradas activamente en política. Para acceder a la publicación original, haga clic aquí.

“Debemos aplaudir que Ricardo Rosselló nombró mujeres al 40% de los cargos en su gabinete. No obstante, la situación de la mujer en la política sigue siendo crítica—solo elegimos 14 legisladoras y siete alcaldesas en el 2016. Y el problema no solo es que pocas mujeres aspiran a puestos electivos, sino que cuando aspiran es más probable que pierdan.

La representación de la mujer en nuestra Asamblea Legislativa no ha progresado desde el 2000. Según un un análisis de la revista Diálogo de la Universidad de Puerto Rico, elegimos solo 15 legisladoras en el 2000 y 14 en el 2016. La proporción de mujeres en la legislatura de apenas 17% permanece estancada desde principios de siglo.

Este estancamiento choca con el progreso que evidencian las Américas, donde el promedio de mujeres en los parlamentos aumentó de 15.4% a 26.4% entre el 2000  y 2015 según un estudio de la Unión Interparlamentaria provisto por la revista Diálogo.

Las alcaldías presentan un cambio positivo pero mínimo en las últimas cinco elecciones. De una alcaldesa en el 2000 aumentamos a siete en el 2016. Pero aun así, menos de uno de cada diez alcaldes son mujeres, y a ese ritmo, alcanzarán la mitad de las alcaldías en el 2116.

El problema de las mujeres en la política empeora cuando consideramos cómo se comporta el electorado cuando vota entre una mujer y un hombre. En las pasadas elecciones, los candidatos hombres ganaron aproximadamente el 70% de las contiendas donde compitieron contra una mujer de uno de los partidos principales.

Por ejemplo, un hombre y una mujer compitieron por la alcaldía en 20 municipios. En 13 de esos 20 ganó el hombre, lo que representa un 65%. Asimismo, en 10 de los 14 distritos representativos donde compitieron un hombre y una mujer ganó el hombre, lo que representa un 70%.  Y un hombre llegó primero en cuatro de los cinco distritos senatoriales donde compitió una mujer por uno de los partidos principales, lo que representa un 80%.

Esta data es imperfecta porque hay factores que afectan el resultado y no tienen que ver con género. Por ejemplo, en Cayey y Mayagüez ganaron los candidatos hombres porque eran incumbentes exitosos y pertenecían al partido que nunca había perdido esos municipios. Por eso amerita ver el resultado en las primarias, donde el partido no importa. En esos casos hay más balance pero no es suficiente.

En las primarias del PNP, las mujeres ganaron seis de doce alcaldías, pero solo ganaron seis de quince primarias para Representante por Distrito y tres de los doce escaños para Senador por Distrito que fueron a primarias. No obstante, para Senador por Acumulación hubo balance: ganaron tres mujeres y tres hombres. Asimismo, para Representante por Acumulación, las únicas dos mujeres que compitieron llegaron primeras. Y por último, Jenniffer González venció a Carlos Pesquera.

En las primarias del PPD el panorama es más favorable para la mujeres a nivel municipal y de distrito, pero no por acumulación. Las mujeres ganaron dos de tres alcaldías y tres de cuatro primarias para Representante por Distrito. Asimismo, ganaron las dos mujeres que compitieron en primarias para Senador por Distrito.  Pero para Senador y Representante por Acumulación solo ganó una mujer en cada cámara—y solo compitieron cuatro.

Los resultados de las pasadas elecciones demuestran que no solo hay una escasez de candidatas mujeres, sino también un déficit de voluntad para votar por ellas. Ese déficit de voluntad es uno de muchos factores contribuyendo a la escasez de candidatas. ¿Para qué correr si las probabilidades pesan en tu contra?

Corregir esta crisis requiere que los electores—y los medios de comunicación—corrijamos nuestra cultura y estándares. No escudriñemos la apariencia física y vestimenta de mujeres políticas. No nos obsesionemos con ellas como objetos sexuales. Y no toleremos campañas sucias con eslóganes como “no metas la pata en San Juan”.

Mientras las mujeres sean 54% del electorado y menos del 20% de los funcionarios electos, tenemos una crisis democrática de representatividad. Reclutar talento femenino, como ha hecho Rosselló, e imponer cuotas, como han hecho en Rwanda, son pasos en la dirección correcta. Recopilar data y medir el progreso en estos esfuerzos de equidad, también.

En Puerto Rico elegimos la primera mujer alcaldesa de una capital en Estados Unidos. Postulamos y elegimos una gobernadora antes que los Estados Unidos postulara una mujer a la presidencia. Hemos dado el ejemplo antes y podemos volver a darlo.”