Juana María Gil Ruiz

Entrevistas

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Febrero 16, 2015

Juana María Gil Ruiz

Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Granada y colaboradora del Instituto Andaluz de la Mujer
Juana Maria Gil Ruiz


Hablamos con Juana María Gil Ruiz, catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Granada y colaboradora del Instituto Andaluz de la Mujer. Cuenta con abundantes trabajos sobre temas de género y es editora de la revista ACFS sobre filosofía jurídica y política. 

''Una vez que te pones las gafas de género ya no te las puedes quitar. Cuando esto pasa por tu estómago, cuando aprendes de ello y lo aprehendes, ya no hay vuelta atrás. De repente empiezas a verlo todo tal como es, te guste o no, y tienes la obligación y el compromiso de aportar lo que creas conveniente para poderlo cambiar. Porque a veces parece que todo está bien, que la ley nos protege, pero el Derecho crea ilusiones ópticas. Tú quieres creer que eres igual y que estás dentro del discurso, pero a poco que empiezas a escarbar y ves la posición de la mujer en el ámbito de la educación, de la política, de la economía, del deporte... ves que no estás. Y si no estás, no puedes participar.''


¿Por qué a la mujer le sigue costando tanto llegar a lo más alto de la política?

El discurso social imperante es muy pernicioso y la mujer está sometida a él. Antes he dicho que para participar hay que estar, pero previamente, para estar hay que ser, pero ser un ser humano frondoso con mayúsculas. A las mujeres nos forman y conforman para ser algo muy concreto, y eso nos vincula. Cuando cumples cierta edad ya sabes lo que tienes que hacer, y por mucho que el discurso teórico te avale, al final te traiciona tu propia socialización y te sientes culpable e impotente por querer tener voz y presencia en ámbitos distintos del familiar.

La alta política además, tiene sus propias reglas patriarcales. Ellos saben negociar y competir, se entrenan para ello desde que son pequeños en sus juegos. Las mujeres no sabemos esto, no estamos entrenadas. La mujer siempre ha hecho política y los grandes cambios sociales los han llevado a cabo ellas desde abajo, pero es cierto que si hablamos de alta política, son ellos quienes ocupan los cargos más altos en la jerarquía. Hay además que tener en cuenta que las mujeres no tienen liberación del tiempo, entonces claro que abandonan, pero no es una decisión propia, es impuesta.

El último número de la revista ACFS está dedicado a un tema del que pocas veces se habla. ¿Por qué es necesario hablar de la violencia institucional de género?

Pasados diez años de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, nos parecía razonable volver a ella y repensarla. Para ello, hemos recurrido a personas expertas que trabajan en distintos ámbitos para hablar de los puntos débiles que habría que afrontar, pero desde una perspectiva diferente. Yo quería meter el dedo en la llaga al Estado ante las veces que éste maltrata por acción u omisión, cuando me abandona en manos del maltratador o de un sistema que me va a causar una doble victimización, la del agresor y la del Estado. En ese sentido teníamos que trabajar todos los ámbitos, queríamos que participara alguien desde poder judicial, alguien desde la sociología experimental, desde la voz de las mujeres que sufren violencia y posteriormente denuncian y abren el aparato judicial. Ellas nos cuentan que sufren esta violencia porque la asistencia letrada no está preparada, y es que no basta con ser un gran abogado, es necesario tener formación en género. Lo mismo ocurre con el poder judicial y sus trabajadores. La ley da un paso adelante importante porque por fin tenemos juzgados de violencia de género, pero además necesitamos gente preparada que los cubra, no basta con ser mujer, tener sensibilidad y haber sacado una oposición.

En Derecho, cuando enseñamos a nuestro alumnado a hacer ciencia jurídica, no les enseñamos la capacidad de falsar o verificar, por lo que la aplican de manera automática, y eso no funciona, mucho menos en materia de género. Esa aplicación mecánica es nuevamente violencia institucional de género.

Por otra parte, si es verdad que por leyes orgánicas el legislativo sabe que hay que formar en género, ¿por qué no se hace? Yo soy profesora de la Universidad de Granada y no se está haciendo, no hay asignaturas dedicadas a este tema. En tres años se ha reducido la dotación presupuestaria en temas de género  en un 30%. Hay que tener claro que no estamos hablando de un ''colectivo'', estamos hablando del 52% de la ciudadanía.

Hablemos de medidas de acción positiva diferenciadora. Aún hoy hay quienes se cuestionan su pertinencia y quienes las ven como una forma de perpetuar la situación de desventaja de la mujer.

Podríamos distinguir tres fases: igualdad formal, recogida en las leyes; igualdad de oportunidades con aplicación de medidas de acción positiva diferenciadora; y por último, aplicación de la transversalidad de género en el ordenamiento jurídico, lo que significaría otra forma de hacer Derecho. Hasta ahora hemos tenido una ''plantilla de lo humano'' que era, no obstante, la ''plantilla del hombre''. No se trata de extender esta plantilla a la mujer, porque no funcionaría, sería otra forma de perpetrar violencia contra la mujer. Se trata de entender que las mujeres tienen reivindicaciones tan propias a su sexo y humanidad como las tienen los hombres como ciudadanos. Esta tercera fase es la clave, pero los Estados no están preparados, falta formación y voluntad política. De ahí que sigan siendo necesarias las medidas de acción positiva diferenciadora hasta conseguir situaciones reales de igualdad, más allá de lo que dispongan las leyes.

Mientras se resuelve esta situación, yo apuesto por un enfoque dual, transversalidad de género y medidas de acción positiva diferenciadora. Un ejemplo: durante mucho tiempo el acceso a la carrera jurídica estuvo prohibido a la mujer. Después de mucho esfuerzo, se ven algunas pocas magistradas que llegan a lo más alto. Ha sido cuestión de tiempo, pero ¿qué se supone que tiene que hacer la mujer? ¿Esperar? En el art.1.2. de la Constitución Española dice que los poderes emanan del pueblo y el pueblo, ¿quién lo compone? La mujer en un 52%. ¿Tengo que esperar, como mujer, porque usted me ha estado discriminando tiempo atrás? Eso se llama violencia institucional de género, por lo que no queda más remedio que introducir medidas de acción positiva diferenciadora, porque la mujer es pueblo.

En este 2015 se cumplen veinte años de la Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing. ¿En qué medida son necesarias este tipo de grandes convenciones y cómo pueden llegar a afectar a la mujer como ciudadana?

Son tremendamente útiles y necesarias. Si no existieran y si no hubiera un cuerpo feminista detrás, plural y diverso, no habríamos conseguido nada. Gracias a esto hemos logrado que los Estados se comprometan, prácticamente todos firmaron. El concepto de discriminación está ratificado por casi todos los países, y eso es un paso enorme, porque nos permite hacer cosas desde el plano jurídico. Es una base legal a partir de la que trabajar, sin ella no se podría hacer nada. No obstante, hay que tener en cuenta que nos movemos en una sociedad tremendamente patriarcal. Ellas se han unido para luchar, pero no tienen poder. No tienen la propiedad, no tienen la gestión del dinero, de la tierra... Para participar hay que estar en todos esos ámbitos, y una vez que estemos, podremos cambiar todas esas cosas que nos importan a las mujeres de todo el mundo. 


Entrevista por nuestra redactora, Carmen Sánchez Oliver.