Bolivia: Violencia sobre la Mujer, un Mal Endémico

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Bolivia: Violencia sobre la Mujer, un Mal Endémico


Análisis de Pulso sobre los porcentajes crecientes de mujeres víctimas de violencia y feminicidio en Bolivia y la importancia de denunciar éstos hechos.
Análisis de su causa y sus característicasRedacción PULSOLas denuncias de ataque son pocas, pero los asesinatos muchos. Los testimonios sobre hechos de este tipo le dejan a cualquiera, por sangrientos, con los pelos de punta. Lo que hasta hace poco era un problema que todo el mundo conocía pero del que nadie hablaba, el feminicidio –es decir, el asesinato de mujeres– y la violencia sobre las personas de sexo femenino, ahora está en boca de todos, y la lucha es permanente porque se haga respetar el derecho humano a no ser agredidas, tanto físicamente como psicológicamente. Los ataques contra las mujeres son un cáncer díficil de extirpar que atañe a toda la sociedad, pues se halla profundamente arraigado en todos los estratos. PULSO realiza hoy un acercamiento a la problemática, acuciante en un país como Bolivia, que debería cambiar su legislación sobre la salud, la niñez, la familia, el matrimonio, la educación… para que la lucha contra la discriminación sea efectiva. Para la reflexiónLos datos que ofrece la Oficina Jurídica para la Mujer en su web son preocupantes. Según esta instancia, uno de cada tres estudiantes de colegio ya ha experimentado agresiones sexuales, y en menos de uno por ciento de estos casos la justicia ha podido penalizar al agresor. El 70% de las mujeres bolivianas son víctimas de alguna forma de violencia (sexual, psicológica, económica, física, doméstica). Mientras que de los casos atendidos por los Servicios Legales Integrales el 26 por ciento corresponde a casos de violencia sexual. También se dice que aunque la violencia puede presentarse en cualquier etapa de la vida, se produce especialmente entre los 15 y 25 años. Las adolescentes, entonces, presentan un riesgo cuatro veces mayor que el resto de grupos. ¿Pero cuál es la causa? Según este organismo, “la violación, por ejemplo, es un acto de violencia sexual aprendido, derivado de creencias sociales según las cuales los hombres tendrían el derecho a dominar y controlar a la mujer. La violación consolida el rol de subordinación de la mujer. La violencia doméstica no puede ser considerada como una problemática que se da en el ámbito privado de la familia con problemas como falta de comunicación, falta de mecanismos para resolver conflictos de forma no violenta, falta de expresión de afecto u otros elementos aislados. La violencia doméstica es una expresión más de la violencia de género, que busca socializar a varones con mecanismos que les permitan concentrar el poder y mantener el control”.Además, los ataques raramente se denuncian. Normalmente porque lo consideran algo no muy grave –fruto de las convenciones sociales–, por vergüenza o humillación, por miedo a represalias o porque se piensa que no ocurrirà de nuevo. Los agresores, por su parte, suelen quedar impunes, sobre todo en el campo, donde hay un menor control.Algunos testimoniosEn un informe de la Red Nacional de Trabajadores de la Información y Comunicación llamado El inventario de la muerte se recogen testimonios. Estos son algunos de ellos.Carmen Julia vivía atemorizada y angustiada por su hijo. Deseaba estudiar y fue una noche a pedir a la directora del colegio “Luis Fuentes”, de Tarija, consideración hacia su caso por las constantes amenazas que recibía de Javier, su ex pareja. Al salir del colegio encontró a su concubino en la calle Corrado. Él la retuvo desde las 20:00 hasta las 21:30 y allí fue victimada con cinco puñaladas. Los jóvenes Marco Antonio Buzaga y Daysi Núñez del Prado se acercaron y vieron a Javier lanzar el arma cortopunzante con su mano derecha hacia la pared después de sacarla de la espalda de su víctima. Según las declaraciones del criminal, el asesinato se desató por el único hijo que tenían, a quien Javier raptó llevándolo a Santa Cruz.La víctima Maribel Castro retornaba a su hogar, en el barrio Villa Cruz de Cobija, después de asistir a su iglesia evangélica, al promediar las 21:30 junto a su hijo de 11 años de edad, Marcelo. A la llegada a su domicilio un grupo de niños jugaba en la calle y llamó al menor, el cual no ingresó a la vivienda. Maribel abrió la puerta, entró a su casa y recibió un disparo de arma de fuego a la altura del corazón, falleciendo al instante. Las autoridades policiales presumen que la víctima fue asesinada por su esposo, Guillermo Antezana, y su hijastro, que eran los únicos que se encontraban dentro del domicilio. La PTJ halló el arma encima del sofá.Estaban bebiendo un grupo de amigos en un local. De un momento a otro, la esposa de uno de ellos desapareció por un buen rato. El esposo sin reparar que faltaba su esposa se dirigió al baño, donde encontró a su mujer haciendo el amor con otro hombre. Reaccionó y sacó un cuchillo que le clavó a la esposa dejándola muerta en el acto. María, desde muy temprana edad, fue víctima de la violencia por el hecho de ser mujer, y más aún por haber nacido en el campo. A duras penas su padre le puso en la escuela y sólo hasta el tercer grado. Una vez que cumplió los 11 años su padre le llevó a Potosí para que trabajara en la casa de una conocida. A partir de ese momento, María comenzó a trabajar realizando tareas duras y pesadas. A pesar de su corta edad, debía cocinar, lavar, limpiar, planchar… A cambio de sus servicios percibía un mísero salario que venía a recoger su padre todos los fines de mes. Esto sucedió hasta que María cumplió los 14 años. Su padre, en previa conversación con su compadre Braulio, de 44 años, decide entregarle a su hija, puesto que Braulio vivía en Argentina. Con el afán de que su hija le mandase algunos dólares, se la entregó para que la llevara a Buenos Aires. Desde entonces empezó para María el calvario, ya que al llegar a aquel país Braulio le hizo su concubina a la fuerza y le golpeaba por todo y por nada. María huyó a Potosí con sus hijos y se refugió en casa de una tía. Hasta que el 1 de mayo de 2003 Braulio la agarró cuando salía a trabajar y le clavó nueve puñaladas en todo su cuerpo. María tenía apenas 22 años. Las característicasSegún un completo estudio de la Organización Panamericana de la Salud, en base a su trabajo en tres municipios, un patrón sobre las características de la violencia se repite. Los hombres atribuyen el desenlace de hechos violentos a "estados de ebriedad", "conflictos por celos", "problemas familiares" y "económicos".Aparentemente, la condición de "casada" o "conviviente" influye en la vivencia de violencia doméstica. En este sentido, se ha registrado un mayor número de casos con violencia en cualquiera de sus formas entre los que se encuentran casados legalmente.Respecto a la ocupación, para la mujer condiciona mayores posibilidades de violencia el ser "ama de casa" o "agricultora" y tener "ocupaciones eventuales".Se repite el mismo comportamiento en las diferentes formas de violencia. Así los momentos de mayor riesgo son la noche y el fin de semana. El lugar, la casa. Y los testigos, los hijos.Las mujeres reconocen que la comunicación con su pareja era "regular", "pésima" y "mala", con una tendencia a empeorar en la forma física.Se encontraron efectos importantes de la violencia doméstica sobre la salud mental de las personas que viven estas situaciones, siendo la mujer la que sufre mayores problemas, especialmente en la violencia física con amenaza para la vida. Los efectos se traducen en alteraciones psíquicas y del sistema nervioso neurovegetativo que afectan su salud y la vida en cuanto relaciones sociales, pudiendo alterar su conducta.¿Dónde acudir?A pesar de su debilidad ante las situaciones de violencia, las mujeres tienen lugares a donde acudir para realizar denuncias buscando que los ataques no se queden impunes.El principal es la Policía, pero no cuenta con recursos adecuados ni conocimientos actualizados para encarar los casos de asesinato y de violencia familiar permanente.Están también instituciones privadas y ONG que desarrollan programas de atención psicológica para las mujeres agredidas y los varones agresores.La Iglesia, por su parte, en algunos casos ofrece servicios de atención al maltrato contra la mujer. Pero estos programas no se presentan en todas las parroquias. Entonces, su alcance es pequeño.Ante esta situación, parece urgente por lo menos una reforma del Código Penal, pues la pena máxima de los culpables de asesinato se suele minimizar por amparo de algunos de sus artículos.Sitio Web Semanario Pulso, Bolivia