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La directora del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres, Ministerio de Desarrollo Social), Mónica Xavier, participó en la presentación de los resultados de un estudio sobre las experiencias de 181 mujeres candidatas que resultaron electas como titulares o suplentes en ambas Cámaras en las elecciones nacionales de 2024 en Uruguay, realizado con el apoyo de ONU Mujeres y las embajadas del Reino Unido y Suecia.
Durante su intervención, Xavier destacó la importancia de contar con evidencia para visibilizar las desigualdades y orientar la acción pública. "Lo que no se mide no se puede reconocer y lo que no se reconoce no se puede modificar", señaló, subrayando el valor del estudio como insumo para el diseño de políticas que promuevan la igualdad sustantiva.
Además, advirtió que, si bien en Uruguay se han registrado avances en algunas áreas, persisten brechas estructurales que impactan de forma particular en la vida de las mujeres. En ese sentido, afirmó que "la brecha de la violencia no cierra" y planteó que el ámbito político no es ajeno a estas desigualdades, especialmente considerando las dificultades que enfrentan las mujeres para acceder a espacios de decisión.
Asimismo, Xavier remarcó que los avances en materia de participación política han requerido de marcos normativos específicos y que su sostenibilidad depende de transformaciones culturales profundas. "Necesitamos una sociedad mucho más igualitaria, donde la cultura de transformación igualitaria sea clave, pero también una arquitectura institucional que garantice la representación plena de mujeres y hombres en todos los ámbitos", expresó .
En este sentido, señaló la importancia de fortalecer la articulación entre organismos del Estado y actores políticos y sociales, y reafirmó el compromiso de Inmujeres para contribuir a estos procesos. "No tenemos excusas: contamos con normas legales que pueden hacernos avanzar y con prácticas que es necesario transformar para lograr una participación más igualitaria", sostuvo.
MORELIA, Mich., 21 de enero de 2026.- La violencia política en razón de género es un conjunto de conductas que buscan limitar, anular o menoscabar los derechos político electorales de las mujeres por el hecho de ser mujeres o por ejercer un cargo público desde esa condición.
No se trata de diferencias normales de la disputa política, sino de actos que colocan a las mujeres en una situación de desventaja estructural dentro de la vida pública.
Este tipo de violencia puede presentarse antes, durante o después de los procesos electorales, pero también en el ejercicio cotidiano del cargo.
Incluye prácticas como impedir el acceso a recursos económicos, obstaculizar la toma de decisiones, desacreditar públicamente a una mujer con estereotipos de género, ejercer hostigamiento o intimidación, o presionar para que renuncie a una función o representación política.
El sufragio femenino en Chile suele presentarse como una conquista del pasado, un hito ya superado en la historia de los derechos de las mujeres. Sin embargo, más que una meta alcanzada, el derecho a voto constituye hoy un recordatorio permanente: la ciudadanía plena de las mujeres nunca ha sido un regalo, sino el resultado de una lucha constante por reconocimiento y participación.
El voto femenino no surgió por iniciativa de la clase política, sino de las organizaciones feministas que presionaron para la obtención del sufragio municipal en primera instancia y luego hacia el universal liderado por organizaciones como el Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile, MEMCH.
Durante décadas en nuestro país y en el mundo, las mujeres fueron consideradas ciudadanas de segunda clase, excluidas de los espacios donde se tomaban decisiones que también afectaban sus vidas. En Chile, desde 1935 se les permitió votar en elecciones municipales, pero debieron pasar catorce años para que ese derecho se extendiera a las elecciones presidenciales. Esto, revela una desconfianza estructural hacia la voz política de las mujeres y una concepción limitada de su rol en lo público, es decir, en materias como lo económico, social y político.
Conocer esta historia es clave, no solo para valorar lo alcanzado hasta el momento, sino para comprender su fragilidad. Recordar nuestras victorias, es también reafirmar el derecho a ser sujetos pensantes, autónomas y protagonistas de nuestro propio destino. Como advertía Simone de Beauvoir, en su libro El Segundo Sexo (1949) “basta una crisis política, económica o social para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados; por ello, nunca pueden darse por definitivamente asegurados”.
El sufragio femenino no fue, ni es, únicamente un derecho electoral. Fue, y sigue siendo, una forma de visibilizar a las mujeres como sujetos políticos con voz propia y de acceso a la ciudadanía. No obstante, el acto de votar, aunque cargado de simbolismo, no agota el sentido de la participación política. Su verdadero valor radica en reconocer que las mujeres importan en la agenda pública y que sus experiencias, demandas y miradas deben incidir en las decisiones colectivas.
Hoy, pese a representar aproximadamente el 51% del padrón electoral, ¿Cuántas son conscientes de que su voto realmente impacta cambios en derechos de género, violencia, equidad social?
Actualmente, la Comisión de Reformas Electorales, analiza los cambios que se implementarán en el proceso de 2029. EFE/ David Toro
Dos de los principales gremios empresariales de Panamá se pronunciaron sobre puntos que consideran clave para el desarrollo del país.
Por un lado, la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (Apede) pidió corregir la permanencia de la llamada “válvula de escape” en la reforma electoral que se discute en 2026, al sostener que esa excepción permite a los partidos evadir la postulación paritaria de 50% mujeres y 50% hombres.
Por el otro, la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá centró su mensaje en el impulso a la innovación empresarial y convocó al sector productivo a participar en el Premio Nacional a la Innovación Empresarial 2025, cuyas inscripciones cierran el 26 de enero.
En el caso de Apede, su pronunciamiento se da en un momento en que el país enfrenta la discusión y aprobación de las reformas electorales que definirán las reglas del proceso de 2029.
Aunque dentro de la Comisión de Reformas Electorales se debaten aspectos como el principio constitucional de proporcionalidad, el gremio subrayó que no puede dejarse de lado la inclusión efectiva de las mujeres en la vida política si se aspira a fortalecer la calidad de la democracia.
El gremio empresarial pide eliminar la válvula de escape del Código Electoral y garantizar igualdad real en la participación política de las mujeres
La Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE) expresó este domingo su preocupación por el rumbo que están tomando las reformas electorales en discusión, al advertir que sin una paridad efectiva en la participación política de las mujeres, la democracia panameña se debilita.
APEDE, a través de un comunicado, recordó que el país se encuentra en un momento clave, ya que las reformas electorales que se aprueben en este 2026 definirán las reglas del proceso electoral del 2029. Aunque el debate actual se centra en el principio de proporcionalidad, el gremio destacó que la inclusión real de las mujeres en la vida política sigue siendo una deuda pendiente.
El gremio cuestionó que, por primera vez en más de dos décadas, la Comisión de Reformas Electorales mantuviera vigente la llamada válvula de escape del artículo 373 del Código Electoral, una excepción que permite a los partidos políticos evadir la postulación paritaria de mujeres y hombres. Según APEDE, esta decisión representa un retroceso, ya que históricamente la Comisión había fortalecido el principio de paridad y era en la Asamblea Nacional /AN) donde se debilitaba su aplicación.
Bogotá D.C., 14 de enero de 2026. La Misión de Observación Electoral (MOE) ha identificado que durante los periodos de campaña electoral se intensifican las expresiones que buscan deslegitimar la participación de las mujeres en política mediante ataques a su vida personal, señalamientos a su apariencia física y sexualización de su imagen, entre otros.
“En un estado democrático, las mujeres tienen que estar en el debate político. Buscar excluirlas a través del uso de violencia simbólica y psicológica que van dirigidas contra la condición humana, empobrece la conversación pública y refuerza los estereotipos de género”, señaló Alejandra Barrios, directora de la MOE.