Mónica Oltra

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September 14, 2014

Mónica Oltra

Una diputada en el parlamento regional valenciano (Les Corts), que aspira a ser la candidata a presidir el Gobierno autonómico en las elecciones que se celebrarán en 2015.
Monica Oltra
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Mónica Oltra

Entrevista por Regina Laguna, redactora de iKNOW Politics

El Primer Ministro británico, David Camerón, apeló a la familia y al corazón ante el referéndum por la independencia de Escocia. Pocas veces, un político se refiere a los sentimientos en el seno del poder y, precisamente, esto es lo que reivindica Mónica Oltra, una diputada en el parlamento  regional valenciano (Les Corts), que aspira a ser la candidata a presidir el Gobierno autonómico en las elecciones que se celebrarán en 2015.

Hija de emigrantes españoles, Mónica Oltra nació y creció en Alemania hasta que sus padres volvieron a España en 1984. Era la época de la transición de la dictadura a la democracia, con una efervescencia política que abocó a la adolescente a afiliarse al Partido Comunista siguiendo la tradición familiar. Hoy lidera la Coalición Compromís, de izquierdas y nacionalista y, como Cameron, aspira a que el amor romántico, el corazón, presidan la política.

Coqueta, se suelta la melena para la foto. “Házmela aquí, junto al cuadro de la película ‘Memorias de África!”, dice y sonríe a la cámara. Un país de gratos recuerdos para Mónica Oltra, a donde viajó hace cinco años para adoptar a sus dos hijos.

P-Acaba de morir Emilio Botín, presidente de la entidad bancaria más importante de España y aún ponen en duda si la hija será su sucesora en el cargo. Si fuera un hombre no se cuestionaría. ¿El lugar de las mujeres en política es el reflejo de la sociedad o deberían ir por delante?

R-Deberíamos ir por delante, pero en este país no lo hemos conseguido. La política sigue siendo una cuestión de hombres. Lo sé porque lo vivo  desde dentro. A pesar de que hay mujeres muy visibles en primera línea, lo que es el centro del poder sigue siendo masculino. Nos encontramos con la dicotomía de que hay mujeres activas muy valiosas y visibles, pero a la hora de tomar las decisiones importantes los órganos de decisión en los partidos siguen siendo masculinos. Y ello es porque hay muchas decisiones importantes que vienen ya predeterminadas en círculos informales que son patrimonio de los hombres.

P-Qué son los círculos informales?

R-El círculo informal es la barra del bar. Cuando es la hora, te vas corriendo a casa a hacer la cena o a ver a tus hijos. No sólo porque lo vives como una obligación, sino porque quieres, porque no sólo es una responsabilidad sino un beneficio emocional que vives como persona. Vale que es educacional, pero lo sientes. Los hombres, en ese momento, se van al centro informal: a la barra del bar, al squash... Y ahí es donde se toman muchas decisiones de las que las mujeres seguimos excluidas.

P- Hace un año la Unión Europea instaba a los Gobiernos y a las empresas para que nombraran a mujeres en el seno de los Consejos de Administración.

R-Muchas veces el Consejo de Administración es un trámite y la decisión ya se ha tomado en el campo de golf y la presencia de mujeres tampoco te solventa el problema. Avanzas mucho porque es el momento formal de toma de decisiones, pero ya vienen amasadas en los círculos informales de los que las mujeres no forman parte. Es un mundo masculino muy bien organizado.

P-Es el techo de cristal que sí que existe porque toda las mujeres profesionales lo hemos vivido. Usted tendrá que lucharlo ahora porque se enfrenta a un año electoral...

R-Sí. Yo he anunciado que quiero encabezar la lista a la presidencia de la Generalitat Valenciana y no es lo mismo que cuando lo plantea un hombre. Nosotras tenemos que seguir ganándonos el puesto. Siempre digo que, en las listas electorales, los hombres suelen tener nombre. Cuando van a confeccionar las listas, comentan: “Aquí ponemos a Paquito, Pepito, Manolito… y aquí una mujer, y aquí a Pedrito, y aquí una mujer”. Los hombres siempre tienen nombre propio y las mujeres somos “una mujer”. Además, somos intercambiables. Es terrible porque, en el fondo, estamos hablando del derecho a ser único, el derecho a un nombre, a no ser un número.

P-Ha pasado en el proceso de elección del líder socialista en España, que han apartado a mujeres muy valiosas como Elena Valenciano, Susana Díaz o Carmen Chacón. Esta última, con reconocimiento internacional desde que en 2008 pasó revista a las tropas como Ministra de Defensa, embarazada de ocho meses. Han elegido a un joven desconocido. Y mientras, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, insistía a los países de la Unión en que le enviaran listas de mujeres para ser comisarias.

R-De nuevo, han pedido una lista de mujeres, sin nombres predeterminados o conocidos. Mira que ha habido comisarias importantes…, como Emma Bobino o Ana de Palacios, aunque no nos gustara lo que hacían. Pero son mujeres con mucha presencia, con mucho poder. Sin embargo, Juncker pide mujeres, no tienen nombres. Mientras que para la presidencia del Eurogrupo se barajaban varios nombres de hombres. Ellos sí tienen nombre.

P-Para los comicios del próximo año, que son centrales, autonómicos y locales, sólo han sonado tres nombres de mujeres. ¿Son ustedes, las mujeres que están en los órganos legislativos, las que pueden cambiar las leyes y liderar esa batalla?

R-Tenemos un espacio de visibilidad para reivindicarnos. Pero la batalla la ganaremos en la medida en que seamos capaces de que la sociedad participe de las decisiones de los partidos a través de los movimientos sociales. Entonces tendremos más visibilidad. Porque ahí la sociedad sí está mas avanzada que los partidos y valora la visibilidad de la persona. Y dice: “A mí esta mujer me gusta”.

P-Este momento es una encrucijada entre lo social y lo político.

R-Es un momento de cambio y una de las razones latentes, no perceptible,  es que no se puede racionalizar. Pero cuando la gente dice: “No sé por qué pero esto no me gusta...”, se refieren a la hegemonía total de “los barriguitas”, que son los hombres tradicionales de puro y panza. Esto lo ves en los partidos de derecha muy claramente.  Y son eso, la copa de cognac y el puro. Y esta expresión de “los barriguitas”, aunque nos riamos, es cariñosa. Porque ellos no aplican el parámetro de corrección política.

P-Lo políticamente correcto…  ¿Se ha sentido alguna vez menospreciada e incluso ultrajada por ser mujer en el cargo que ocupa?

R-No sólo en el cargo público… Estoy convencida de que lo que me han dicho a mí, a un hombre no se habrían atrevido a decírselo, entre otras cosas porque se la jugaban a que el otro les contestara: “Nos vemos en la calle”. Incluso en el hemiciclo, a micrófono cerrado o bajando por el escaño me han susurrado alguna barbaridad. Y en reuniones, me han llegado a decir, incluso una mujer: “No ha hablado ya tu jefe de filas? ¿A qué vienes ahora a hablar?”.

P-¿Qué ocurre con las mujeres machistas, las que viven y actúan con parámetros masculinos en política?

R-En política, ejercen el poder de la misma forma que el hombre y luego van con la etiqueta de feministas. Lo feminista es lo que cambia las estructuras profundas, no lo que reproduce la manera vertical de ejercer el poder que hacen los hombres.

P-¿Cómo se feminiza la política?

R-Con horizontalidad. Sustituyendo la competencia por la cooperación y la colaboración, escuchando, con el diálogo.... Es por la forma de relacionarte con el colectivo, con los otros. 

P-¿Qué opina de las cuotas en política, de la discriminación positiva en las listas electorales?

R-Me parece fundamental, de la forma que sea. Me parecen mejor las leyes que plantean un mínimo de mujeres. La Ley de Igualdad española ha adelantado mucho, pero entre los cinco primeros de la lista tiene que haber tres y dos. Al final, siempre hay más hombres y suelen estar en los primeros puestos de la lista… Pero se ha avanzado mucho porque se ha visibilizado a las mujeres. Si es visible y tiene el apoyo de los ciudadanos, al final también acaba queriendo decidir en el partido. Y dice: “Esto, en los círculos informales no, se decide en las reuniones”.

P-¿Cómo piensa que se puede interesar a las chicas jóvenes para querer ser visibles en política?

R-Aquí juega mucho la educación. En una charla sobre violencia de género, hablamos del fenómeno de la saga “Crepúsculo”, una serie juvenil que se presentó en Madrid y se armó un revuelo. Y cuando las jovencitas de un país suspiran por elegir entre un hombre lobo que, cuando se enfada te da una paliza que te mata, o por un vampiro que te va chupar las sangre, dices: ¡Qué mal! Tener que elegir entre dos, y los dos te van a hacer daño y a aniquilar como ser humano. Claro, es tan potente este tipo de material de la “factoría Hollywood” que crea estereotipos deseables en tu vida, que es muy difícil cambiarlo. La batalla está en crear un imaginario colectivo de cambio de los parámetros del amor, del amor romántico. El problema es que, de eso, la política no habla. No escucharás hablar a un político del amor romántico y, precisamente, es uno de los sentimientos más poderosos de nuestra sociedad, que genera unos ligámenes relacionales que determinan todo lo demás.

P-Pero claro, es que el amor romántico, la casa, los hijos… es  algo secundario, es “cosa de mujeres”.

R-La política debe ser capaz de generar alternativas de vivir el amor romántico dentro de parámetros sanos y de igualdad, y no del amor de sufrimientos o de “mira cómo me quiere mi novio que, como tiene celos, no me deja ponerme la minifalda”… Debemos ser capaces de establecer el amor romántico como pieza fundamental que luego lo articula todo. Si tienes una pareja que te quiere como persona y que es capaz de respetarte en tu individualidad, porque tú tienes nombre igual que él -en España, las mujeres casadas no cambian su apellido por el de su marido-, tienes independencia, porque eres única e irrepetible y estás al mismo nivel que él.