Mujeres de antes, mujeres de ahora en España

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por Carmen Sánchez, redactora de iKNOW Politics

Mucho se ha hablado en los últimos años de la democracia española, de su  inexistencia desde el momento justo de proclamarse o de su calidad francamente en declive, según los más optimistas. Cierto es que la situación económica por la que atravesamos, hace ya cinco largos y manidos años, ha evidenciado fuertes deficiencias de un calado mayor en los ámbitos social y político, deficiencias que siempre han estado ahí y que parece que solo ahora vemos y  padecemos con mayor intensidad y vulnerabilidad.

                Nuestra historia reciente, manchada por una dictadura de la que aún olemos vientos, y el análisis de la realidad actual, sembrada de desempleo, desahucios, leyes retrógradas y precariedad, han creado un clima de desesperanza enfermiza en la sociedad española. Malvivimos y nuestra gente se divide entre los que se van y asienten, entre los que emigran y los que se conforman, como tantas otras veces en la historia de este país.

                Ciertamente, España nunca ha destacado por ser líder o precursora en la defensa de grandes valores sociales,pero no vamos aquí, una vez más, a afirmar la maldición de esta nación sin remedio. En nuestra historia hubo excecpiones que tuvieron nombre de mujer y que, con bastante poco ruido en algún caso, supusieron un antes y un después para la sociedad oscura, pobre y atrasada que tuvo España en buena parte de su siglo XX.

                Basta recordar figuras como la de Clara Campoamor, impulsora del sufragio femenino en España (1931) y ferviente luchadora de la causa feminista en un momento en el que pocos se atrevían a gritar algo tan básico como la igualdad jurídica entre sexos. Las hubo también feministas y particulares, como Victoria Kent, paradójicamente contraria al voto de la mujer, pero jurista de peso y revolucionaria del sistema penitenciario español. Y cómo no, Dolores Ibárruri, ex-diputada, clásica  militante del Partido Comunista de España y defensora de los derechos de las mujeres, a las que consideraba libres para decidir su destino con independencia de su condición social.



               

Ahora son otras las luchas y otros los nombres que vienen a romper ese hastío político y social tan falto de una visión feminista. Ada Colau (1974), catalana, activista y cofundadora de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), entró hace pocos años como un terremoto en la vida pública española. Y esperemos que sea para quedarse. En 2013 presentó una iniciativa legislativa popular ante el Congreso de los Diputados con casi millón y medio de firmas para la reforma de elementos sustanciales de la Ley Hipotecaria española, tratando de dar remedio al problema de los desahucios. Aunque el resultado no fue del todo el esperado, consiguió gran repercusión mediática e incluso el Tribunal de Justicia de la Unión Europea se posicionó a su favor.

                Otra figura destacable de la actualidad política española es Teresa Rodríguez, gaditana de 33 años, profesora de instituto, activista desde la adolescencia y desde hace pocos meses, eurodiputada. Forma parte del nuevo partido político de izquierdas, Podemos, convertido ya en una seria amenaza del conservadurismo institucional imperante. Rodríguez impresiona por razones tan simples como cumplir con sus promesas electorales, algo raro en el panorama político español y que la ha llevado a donar el 70% de su sueldo como eurodiputada. 

                Y en fin, mujeres de antes, mujeres de ahora.

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