Incidencia y cabildeo
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En una época en la que el retroceso democrático ya no es un peligro lejano sino una realidad en los continentes, las líderes feministas están resistiendo en silencio, y a veces, a costa de su propia seguridad.
Desde la observación electoral en Tanzania hasta la reforma periodística en Camerún, desde el desafío a las masculinidades tóxicas hasta el enfrentamiento del poder de las plataformas digitales, mujeres y aliados feministas están luchando por un entorno propicio para la sociedad civil de maneras que revelan una realidad fundamental: la democracia no es género neutral y, cuando se limita la participación de las mujeres, la democracia se debilita.
Santo Domingo. – El fortalecimiento del liderazgo de las mujeres en la vida política y la necesidad de consolidar una justicia electoral con enfoque de género centraron el conversatorio “Diálogo Político para la Igualdad: Género y Justicia Electoral”, organizado por el Ministerio de la Mujer, la Junta Central Electoral, la Embajada de la República Federal de Alemania y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
La iniciativa reunió a lideresas políticas, magistradas y magistrados de diversos organismos, entre ellos el Tribunal Superior Electoral y la JCE, congresistas y representantes de órganos electorales, en un espacio de intercambio que forma parte de una serie de encuentros impulsados junto a la Red de Mujeres UNIDAS.
Durante la apertura, la ministra de la Mujer, Gloria Reyes Gómez, subrayó que el fortalecimiento de la democracia pasa necesariamente por garantizar la participación plena de las mujeres.
Este lunes 6 de abril de 2026 se conmemora la fecha en la que se reconocieron los derechos políticos de las mujeres. Un día como hoy, 6 de abril de 1953, se reconocieron en México los derechos políticos de las mujeres. Este logro abrió el camino para la participación plena de las mujeres en la vida democrática del país, fortaleciendo nuestra democracia y ampliando los derechos de todas.
Sin embargo, este logro no fue una concesión, sino el resultado de una lucha incansable de mujeres valientes que abrieron el camino hacia una participación política plena.
Uno de los logros de este reconocimiento, es sin duda la paridad de género que se tiene en la actualidad, y que en muchos de los casos va más allá del 50 por ciento en la proporción para mujeres y hombres.
En el caso de Tabasco, de las 35 diputaciones locales, 18 están en manos de mujeres y 17 en hombres.
La violencia política contra las mujeres en México se ha visibilizado, pero no se ha frenado. En los más recientes procesos electorales celebrados en el país, se registró el mayor número de candidatas postuladas a un cargo público, incluida la presidencia de la República, pero a la par se presentó la mayor cantidad de ataques en razón de género. En términos de paridad, la elección de 2024 fue histórica, ya que de ahí surgieron la primera presidenta de México; un Congreso paritario con un número inédito de senadoras y diputadas federales; cientos de alcaldesas y diputadas locales; y cuatro gobernadoras, que llevaron al país a un máximo histórico de 13 entidades con una mujer al frente de un Estado. Pero también fue la elección más violenta de la historia para ellas.
Según diversos informes de las autoridades electorales, las mujeres en campaña son víctimas de ataques en redes sociales, agresiones en medios de comunicación, obstáculos para ser candidatas, denostación y descalificación, ataques verbales y físicos, retiro y destrucción de su propaganda, amenazas, intimidación, hostigamiento, violencia sexual y psicológica, discriminación dentro de sus propios partidos y, recientemente, diversos tipos de violencia digital. Se trata de ataques que crecen en paralelo a una mayor participación en la política, derivada de las reformas de paridad implementadas desde 2019.
El avance de las mujeres dominicanas en el ámbito educativo no ha logrado borrar las diferencias en ingresos ni garantizar un acceso igualitario a los espacios de poder.
El último informe del Observatorio Político Dominicano (OPD-FUNGLODE), publicado con motivo del Día Internacional de la Mujer 2026 y al que tuvo acceso Infobae revela este contraste: aunque la matrícula universitaria es mayoritariamente femenina, las brechas económicas y políticas persisten.
Entre los hallazgos principales, el estudio indica que el 63.7 % del alumnado universitario está compuesto por mujeres. Sin embargo, esta ventaja académica no se traduce en el mercado laboral. La desocupación afecta especialmente a las mujeres con estudios: el 89 % de las desempleadas tiene educación media o superior; en el ámbito universitario, existen 54,751 mujeres desempleadas frente a 16,708 hombres.
Cuesta imaginarlo desde el presente y para las nuevas generaciones, pero hace apenas unas décadas las mujeres en Colombia no podían votar. Tras años de luchas y negativas, el derecho se reconoció en 1954, cuando la Asamblea Nacional Constituyente aprobó el Acto Legislativo.
Cuatro años después en 1957, en el plebiscito que consultó la creación del Frente Nacional, las mujeres ejercieron por primera vez su voto en una jornada nacional. La escena de mujeres haciendo fila, cédula en mano, entrando a la cabina fue el comienzo de una ciudadanía política que durante décadas les fue negada. Ese día, 1.835.255 mujeres votaron por primera vez.
Pero esa fecha no apareció de la nada. “El reconocimiento del voto femenino en Colombia fue el resultado de una lucha sostenida de las mujeres, conectada con procesos internacionales”, señala Luisa Salazar Escalante, investigadora en temas de derechos humanos. Explica que ese camino se relaciona con el sufragismo, un movimiento con referentes tempranos en países como Nueva Zelanda y el Reino Unido, que luego se expandió con fuerza en América Latina.
En el caso colombiano, agrega, la pelea por los derechos políticos hizo parte de un recorrido más amplio, atravesado por otras conquistas previas. Hacia los años 30, el movimiento de mujeres se volvió más visible a partir de demandas por el derecho a la educación y por la posibilidad de administrar bienes, en un contexto en el que muchas no accedían al bachillerato ni a la universidad.